Salgo a la calle y hace un frío que me quiero morir. Y es extraño porque aunque es Diciembre y de madrugada, en esta ciudad* no suele bajar mucho la temperatura. Pero tengo las manos heladas y el corazón me late fuerte, a toda prisa. No hay apenas nadie en la calle, sólo a lo lejos se ven un par de indigentes que parecen jugar con una botella de cerveza vacía, haciéndola rodar por el suelo. Me fijo en la palabra ZORRA escrita en un graffiti enorme con letras rojas y brillantes en la pared de la amplia avenida por la que camino. Tengo la mente en blanco casi todo el tiempo, y por mi cabeza sólo cruzan ideas fugaces sobre el aminograma de la carne de pato, zapatos italianos y pezones rosáceos, que se desvanecen cuando creo que estoy ya muy cerca de mi destino. Tengo el plano mental de la ubicación del piso de Edén, que momentos antes de salir de mi casa, comprobé usando Google Maps, y estoy casi al cien por cien seguro que me encuentro enfrente de la puerta de su edificio, pero saco mi teléfono móvil y marco su número, porque quiero que oiga mi voz antes de verme.
-¿Hola? -Descuelga-
-Sí, hola. Soy yo, M. -Intento poner la voz lo más grave que puedo-. Verás creo que estoy ya muy cerca de tu piso... Casi al lado.
-Ah... Vale. Te dije que te guiaras por la pastelería de la esquina. Está justo al lado.
-De acuerdo. Pues si todo es correcto deberías escuchar el timbre... Ya.
-Vale, voy a abrirte.
Entro en el portal y doy gracias al cielo por el espejo enorme que ocupa toda la pared. Me pongo enfrente de él y comienzo a arreglarme un poco, tratando de calmarme. Pero mi corazón sigue latiendo rápido, así que saco de mi bolsillo dos pastillas de Rivotril y las coloco debajo de la lengua. Vuelvo a mirarme en el espejo, y mientras peino mi pelo ligeramente hacia atrás, me veo terriblemente atractivo. Quizá debí ponerme el jersey de pico rojo de Hermès en vez del negro que llevo, pues realza mejor la forma de mis pectorales, pero por lo demás estoy bastante satisfecho; consigo verlo todo perfecto. Llamo al ascensor.
Mientras enfilo el pasillo de la planta quinta del edificio, al final del cual me espera Edén, observo que el estucado de la pared está en un estado bastante precario, lo cual me excita, pues encuentro un extraño placer en todo lo vulgar y desaliñado. Y sólo entonces me doy cuenta de que estoy en una zona bastante humilde, en el extrarradio de la ciudad; algo de lo que no me había percatado antes, probablemente por la taquicardia que me había asaltado súbitamente, y que ahora empezaba a remitir. Así que en medio de mi éxtasis inducido por la chabacanería reinante, empiezo a rezar por que el aspecto de mi futura partenaire vaya en consonancia con las asquerosas paredes de su edificio y su barrio de mierda, cuando oigo el sonido de un cerrojo, que se descorre.
-Hola, has tardado mucho en subir -Oigo decir, mientras trato de adivinar la silueta de ella, en medio de la penumbra-.
-Ah, sí. Hola -Me planto en seco delante de la puerta-. Es que... No daba con el bloque exacto.
-¿No enciendes la luz? -Inquiere; mientras hace un ademán de acercarse a mí-.
-Tampoco he encontrado el interruptor. Pero no importa... De verdad.
Entonces avanza ante mí y puedo ver ahora claramente cómo una figura de un metro setenta, de pelo semiondulado y oscuro y ataviada con un chandal de deporte tantea la pared que tengo justo detrás de mí, hasta que se oye el click del botón de la luz.
-Bueno -Sonríe- ¡Por fin nos vemos!
-Sí, eso parece -Es lo que creo que digo, mientras observo fijamente su cara, que por un momento me parece tremendamente hermosa. Pero enseguida noto que en realidad es de todo punto ordinaria*.
-¿No vas a pasar? -Dice, invitándome-.
Es una casa pequeña, con un saloncito en la entrada, y muy poco amueblado. En la pared cuelgan unos posters de animales y de selvas y cascadas, y cosas así, y hay un olor muy empalagoso en el ambiente, como a fresa. Hay un sofá naranja en mitad de la habitación, en el que, en principio, no tengo la menor intención de sentarme.
-Espero que no te asustes con el aspecto de la casa -Comienza a decir-. En realidad me he mudado aquí hace unos meses y como ves, está todo hecho un desastre...
-No te preocupes -Digo yo, riéndome-. Está muy bien... La verdad es que me encanta -Y realmente logro que suene convincente-.
-Pero siéntate, hombre, no te quedes ahí de pie -Dice, mientras me señala el cutresofá naranja-. ¿Quieres algo de beber?
-No, gracias... Bueno -Rectifico-, un vaso de agua, si no te importa.
Antes de darse la vuelta y dirigirse a lo que parece una cocina y mientras mis ojos estaban puestos sobre un peluche de un conejo o una ardilla que había tirado a los pies del sofá, me ha mirado durante unos segundos de arriba a abajo, y yo me he dado cuenta perfectamente. Creo que le he gustado.
Vuelve de la cocina con un vaso de agua -que tras escuchar el sonido del grifo, es obvio que no voy a beber- y una lata de cerveza. Se sienta a mi lado con las piernas cruzadas y mirándome de frente.
-Y bien, ¿qué te parezco? -Dice, mientras pasa una mano por su pelo, nerviosamente- ¿Soy como me viste en las fotos del anuncio?
-Eres mucho más guapa que en las fotos. Lo cierto es que me he quedado sorprendido -Y esto no es necesariamente falso-.
-Ja. No te creo... Eso se lo dirás a todas -Exclama, mientras su alteración va en aumento-.
-No, en serio -Insisto-. Eres realmente guapa.
Edén lleva todo el rato enseñándome las tetas, que se escapan casi por completo del escote de la camiseta de deporte ceñida que lleva puesta, y que la cremallera de la chaqueta de su chandal, que está bajada hasta el ombligo, deja ver muy bien. Pero no he dirigido mi mirada a ellas ni por un sólo segundo. Ni lo voy a hacer.
-Pensaba que no serías capaz de venir... Dios, esto es una locura -Se tapa la cara con las manos, mientras una sonora carcajada sale de su boca-.
-La verdad es que yo también estoy sorprendido de mí mismo, nunca he hecho una cosa así...-Y esta vez no estoy seguro de que haya sonado del todo convincente, pero sigo diciendo- Aunque me apetecía mucho verte... Conocerte en persona.
-Y a mi a ti, tienes algo... Diferente, ya sabes...-Sonríe- Aunque aún no sé muy bien lo que es.
En ese momento me entran unas ganas enormes de abalanzarme sobre ella y estrangularla para que vea lo diferente que soy, y debe notárseme en la cara, porque inconscientemente echa su torso ligeramente hacia atrás. Pero enseguida logro recobrar el control sobre mí mismo: sólo quiero follármela. Por ahora.
-¿Quieres que ponga un poco de música? A estas horas en la tele no habrá nada... Aparte de eso -Dice riendo de manera estúpida-.
-Sí, claro, adelante... Estás en tu casa.
Entonces saca un compact de una torre de cedés y lo introduce en una especie de reproductor que hay debajo del televisor. Enseguida empieza a sonar música rap. Creo que es el puto Puff Daddy o Tupac o alguno de esos negros patibularios que pretenden hacer el análisis social de su gueto sin tener ni el graduado escolar.
-¿Conoces esto? A mí me vuelve loca este tipo de música -Comienza a decir, mientras hace unos gestos mongoloides con las manos que no logro entender muy bien-. Me dicen que soy rarita por escuchar música rap, en vez de guiarme por lo que sale en los 40 Principales*, pero, ¿sabes una cosa? A mí me gusta la música que tenga un valor artístico, que sea auténtica, ¿entiendes?
-Sí, claro, naturalmente -Y ahora sí que realmente me esfuerzo por reprimir mi deseo de estrangularla-.
-¡Levántate; vamos a bailar! -Grita de repente, cogiéndome de la mano-.
Ahora estamos de pie, el uno frente al otro, y me mira fijamente a los ojos, con una sonrisa que parece lasciva, y empieza a restregar su pelvis contra mí, dándome suaves golpecitos. Se mueve de un lado a otro, de manera bastante patética, mientras yo no hago nada. De repente, para la música, y mientras se quita la parte de arriba de la ropa, quedándose en sujetador, me pregunta:
-¿Quieres cocaína?
A continuación sale corriendo hacia alguna habitación de la casa haciendo aspavientos y por un momento, por un pequeño instante, pienso que puede estar más pirada que yo. Vuelve enseguida, visiblemente excitada, trayendo consigo una pequeña bolsa de la que derrama el contenido sobre una mesa de cristal.
Mientras nos colocamos, me pide que me quite el jersey de pico negro, a lo que accedo pues estoy deseando que recorra mi pecho con su lengua de viciosa chalada amante de música de negratas. Se desnuda completamente y puedo observar un cuerpo menudo, con unas grandes tetas y un culo redondo y duro. Tiene una apariencia compacta que me gusta, y empiezo a ponerme cachondo cuando miro su sonriente rostro de belleza tabernera, que no tarda en hundirse en mi estómago, empezando a succionar mi abdomen con fuerza. Me quito los pantalones y la agarro del pelo, que está grasiento y sucio, indicándole que quiero que me la chupe, y empieza a hacerlo, despacio y profundamente. Ahora tengo una magnífica vista cenital de su espalda y de su culo y mientras observo como me la está mamando, me viene a la mente la imagen de un gigante cerdo recostado en su abrevadero, chupando y baboseando, y empiezo a sentir un enorme desprecio por ella que va en aumento con cada cabezada que da, hasta que con un alarido le pido que pare.
-¿He hecho algo mal? -Pregunta, levantando la mirada-
-No, no es eso -Le respondo mientras me reincorporo, subiéndome los pantalones-.
-¿Qué pasa ahora? No entiendo nada -Balbucea desconcertada-.
-Déjalo. No tiene nada que ver contigo.
Termino de vestirme y me dirijo hacia la puerta.
-¿Vas a dejarme así? No voy a volverte a ver, ¿no?
No puedo evitar mirarla con desdén. Abro la puerta y salgo.
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