And I love the thought of coming home to you
Even if I know we can't make it
Yes I love the thought of giving hope to you
Just a little ray of light shining through...
miércoles, 31 de agosto de 2011
viernes, 26 de agosto de 2011
Noir Désir
En agosto acechan panteras
que devoran gin-tonics
y corazones y labios
con sus labios rojos.
Yo he visto el verde,
el gris y el marrón
en la pupilas claras
de las panteras.
Y he soñado con fuego,
con ardiente delirio,
domando el cuerpo tierno
de las panteras.
Desnudo y ya vencido,
trato de buscar un sitio
en esta jungla de asfalto.
Donde a lo último caer
en tus inevitables fauces,
dulce istmo de locura.
que devoran gin-tonics
y corazones y labios
con sus labios rojos.
Yo he visto el verde,
el gris y el marrón
en la pupilas claras
de las panteras.
Y he soñado con fuego,
con ardiente delirio,
domando el cuerpo tierno
de las panteras.
Desnudo y ya vencido,
trato de buscar un sitio
en esta jungla de asfalto.
Donde a lo último caer
en tus inevitables fauces,
dulce istmo de locura.
miércoles, 24 de agosto de 2011
Grito hacia Roma (extracto)
Dirá: amor, amor, amor,
hasta que se le pongan de plata los labios.
Lorca.
hasta que se le pongan de plata los labios.
Lorca.
domingo, 21 de agosto de 2011
Dragonfly
Cómo quisiera impregnarme
de este olor tuyo a jazmín mojado,
acariciar el sendero de tu paso,
por las autopistas de ida y vuelta.
Ir acercándome de puntillas
hacia la sombra que proyectas;
detenerla con mis manos un momento,
como queriendo hacerla mía.
Entonces puedo, con cierto descaro,
Coger una orquídea de tu jardín infinito;
pedirte que me enseñes alemán,
para que broten de mi boca,
los versos que sólo tú conoces.
Quebrar esta perfección de Bauhaus,
que separa tu trazo y el mío,
mientras tus deditos esbozan formas,
de diez en diez y de año en año,
sobre el lienzo de nuestro deseo.
Y así buscarte entre la gente
por las calles de Berlín,
dejándome guiar por el ángel que,
con voz de plata, repite incesante:
"la eternidad, la eternidad".
de este olor tuyo a jazmín mojado,
acariciar el sendero de tu paso,
por las autopistas de ida y vuelta.
Ir acercándome de puntillas
hacia la sombra que proyectas;
detenerla con mis manos un momento,
como queriendo hacerla mía.
Entonces puedo, con cierto descaro,
Coger una orquídea de tu jardín infinito;
pedirte que me enseñes alemán,
para que broten de mi boca,
los versos que sólo tú conoces.
Quebrar esta perfección de Bauhaus,
que separa tu trazo y el mío,
mientras tus deditos esbozan formas,
de diez en diez y de año en año,
sobre el lienzo de nuestro deseo.
Y así buscarte entre la gente
por las calles de Berlín,
dejándome guiar por el ángel que,
con voz de plata, repite incesante:
"la eternidad, la eternidad".
It ain't me, babe
Go away from my window
Leave at your own chosen speed
I'm not the one you want, babe
I'm not the one you need
You say you're lookin' for someone
Who's never weak but always strong
To protect you and defend you
Whether you are right or wrong
Someone to open each and every door
But it ain't me, babe
No, no, no, it ain't me, babe
It ain't me you're lookin' for, babe
Go lightly from the ledge, babe
Go lightly on the ground
I'm not the one you want, babe
I'll only let you down
You say you're lookin' for someone
Who'll promise never to part
Someone to close his eyes for you
Someone to close his heart
Someone to die for you and more
But it ain't me, babe
No, no, no, it ain't me, babe
It ain't me you're lookin' for, babe
You say you're looking for someone
To pick you up each time you fall
To gather flowers constantly
And to come each time you call
And will love you for your life and nothing more
But it ain't me, babe
No, no, no, it ain't me, babe
It ain't me you're lookin' for, babe.
Leave at your own chosen speed
I'm not the one you want, babe
I'm not the one you need
You say you're lookin' for someone
Who's never weak but always strong
To protect you and defend you
Whether you are right or wrong
Someone to open each and every door
But it ain't me, babe
No, no, no, it ain't me, babe
It ain't me you're lookin' for, babe
Go lightly from the ledge, babe
Go lightly on the ground
I'm not the one you want, babe
I'll only let you down
You say you're lookin' for someone
Who'll promise never to part
Someone to close his eyes for you
Someone to close his heart
Someone to die for you and more
But it ain't me, babe
No, no, no, it ain't me, babe
It ain't me you're lookin' for, babe
You say you're looking for someone
To pick you up each time you fall
To gather flowers constantly
And to come each time you call
And will love you for your life and nothing more
But it ain't me, babe
No, no, no, it ain't me, babe
It ain't me you're lookin' for, babe.
miércoles, 17 de agosto de 2011
Excuse me, which level of hell is this?
Keroseno en el borde de tus labios,
arde la chispa que provoca el delirio.
Rompe una línea, busca una costa;
marca el destino como una quimera,
acaso un éxtasis tibio, una comedia.
arde la chispa que provoca el delirio.
Rompe una línea, busca una costa;
marca el destino como una quimera,
acaso un éxtasis tibio, una comedia.
lunes, 15 de agosto de 2011
In the mood for love
Y así pasan los días,
y yo, desesperado,
y tú, tú contestando,
quizás,
quizás,
quizás.
y yo, desesperado,
y tú, tú contestando,
quizás,
quizás,
quizás.
En un valle destinado a hundirse, sé río conmigo
Y correr por los senderos angostos
que nos agujerean con el verde seco
día y día y otro día que se pierde
en la noche más oscura del tiempo.
Y tronchar estos junquitos tiernos
que se yerguen a nuestro paso aquí
como si de ello dependiera cada cosa,
en esta noche oscura para el alma.
Y poner la boca sobre los acantilados,
bebiéndonos cada gota de amargura,
debajo del mármol que arde día y noche.
Noche y día, con el centelleo constante
del verde que se derrama por el cielo
y tiñe los corazones que no laten.
que nos agujerean con el verde seco
día y día y otro día que se pierde
en la noche más oscura del tiempo.
Y tronchar estos junquitos tiernos
que se yerguen a nuestro paso aquí
como si de ello dependiera cada cosa,
en esta noche oscura para el alma.
Y poner la boca sobre los acantilados,
bebiéndonos cada gota de amargura,
debajo del mármol que arde día y noche.
Noche y día, con el centelleo constante
del verde que se derrama por el cielo
y tiñe los corazones que no laten.
viernes, 12 de agosto de 2011
Kierkegaard y la gente
Imaginemos a un pajarillo: por ejemplo, una golondrina enamorada de una jovencita. La golondrina podría, por lo tanto, conocer a la muchacha (por ser diferente a todas las demás), pero la joven no podría distinguir a la golondrina entre cien mil. Imaginad su tormento cuando, a su retorno en primavera, ella dijera: Soy yo, y la joven le respondiera: No puedo reconocerte. En efecto, la golondrina carece de individualidad. De ahí se deduce que la individualidad es el presupuesto básico para amar, la diferencia de la distinción. De ahí se deduce también que la mayoría no puede amar de veras, porque la diferencia de sus propias individualidades es demasiado insignificante. Cuanto mayor es la diferencia, mayor es la individualidad, mayores son los caracteres distintivos y mayores los rasgos reconocibles. En este profundo sentido se comprende el significado del hebreo: conocer a su mujer, refiriéndose a la unión matrimonial; pero cobra un sentido más profundo en lo que se refiere al alma, al carácter distintivo de la individualidad.
martes, 9 de agosto de 2011
"Ecstasy" / "Rehab" @ 2:05
Bellísimo tributo de Lou Reed a Amy Winehouse en un concierto en Roma el 25 de Julio.
Empieza en el 2:05 con un "I'd like to dedicate this show to the great singer-songwriter Amy Winehouse. We all loved her".
Y sigue con la improvisación de "Rehab": "Ain’t goin’ to rehab. No, no, no".
Gracias, viejo Lou.
Cinéfilos y neuróticos
Truffaut dijo una vez que cuando uno no ama la vida, cuando ésta no le proporciona toda la satisfacción que debe, entonces se va al cine. Supongo que esto es extrapolable a la literatura, a la pintura, a la música y a cualquier forma de expresión de arte. Y sin embargo, ¿qué puede indicar con más claridad un amor total, un amor que devora, ese helénico agápē por la vida, que el hecho de que uno se niegue a avenirse al camino que ésta le ha impuesto, en un momento determinado de su existencia? El huir de esa rectilineidad de los acontecimientos, de ese detestable trazo geométrico que nos tira de hora en hora, de día en día, es un acto que sólo puede atribuírsele a un devoto de la vida; a un amante insaciable, que piensa que no ha recibido aún la parte que le toca. Esa precisa idea, tan alta y noble, tan hermosa de la vida, sólo puede albergarla un corazón que arde de pasión por vivir; un cuerpo que se estremece por emborracharse del inagotable manantial de placeres y goces; y una mente que no concibe sino vivir la vida de esta manera. Porque no conoce otra, porque no existe otra.
lunes, 8 de agosto de 2011
Vengo desde el invierno décimotercero a morir sobre arenas moradas
Vengo a buscarte en un salto al vacío,
en la mitad precisa donde se unen,
con putrefacto lazo, cristal y sierpe.
Vengo a posarme como un pájaro herido,
sobre tu blanca y distante orilla.
Quiero beberme la espuma que las olas
dejan a su paso, y arrancarte un pétalo,
una florecilla -sé que pido demasiado-,
algo que pueda rozar delicadamente
este ictus de amargura, este alba
que no nace; este miserable charco
que salpica inmundicia sin cesar,
incansablemente, como un ciego puño
que golpea bien adentro, donde ya
no llega tu mirada; donde ya no existe
nada que te importe, ni puedes clavar
con tu fría y dura mano la espina
de la indiferencia.
en la mitad precisa donde se unen,
con putrefacto lazo, cristal y sierpe.
Vengo a posarme como un pájaro herido,
sobre tu blanca y distante orilla.
Quiero beberme la espuma que las olas
dejan a su paso, y arrancarte un pétalo,
una florecilla -sé que pido demasiado-,
algo que pueda rozar delicadamente
este ictus de amargura, este alba
que no nace; este miserable charco
que salpica inmundicia sin cesar,
incansablemente, como un ciego puño
que golpea bien adentro, donde ya
no llega tu mirada; donde ya no existe
nada que te importe, ni puedes clavar
con tu fría y dura mano la espina
de la indiferencia.
jueves, 4 de agosto de 2011
Oz
Una vez escuché que cada persona que aparece en los sueños es realmente uno mismo. Incluso si estás soñando con ese pedazo de escoria al que no puedes ni ver. En realidad, estás soñando contigo mismo y esa maldita parte de ti que no soportas.
Amor a quemarropa para C
[En un bar, sentado uno frente al otro; suena de fondo Let's stay together]
- M - [...] Me refiero a que en esa peli nada de lo que ocurría le importaba, salvo el Rock, vivir deprisa, morir joven y dejar un bonito cadáver. [...] Ehm... basta de hablar del Rey (Elvis)... ¿Qué tal tú?
- C - ¿Qué tal yo qué?
- M - No sé, háblame.. háblame de ti...
- C - ¿Qué quieres saber?
- M - Bueno.. para empezar... qué haces, de dónde eres, cuál es tu color preferido, tu estrella de cine favorita, qué clase de música te gusta, qué te excita, qué te deprime y, supongo que la gran pregunta es... ¿tienes pareja?
- C - Bien, hazme otra vez esas preguntas...
- M - [sigh] Qué haces.
- C - No me acuerdo.
- M - De dónde eres.
- C - [t. div] No lo sé.
- M - Color preferido.
- C - [moviendo la cabeza] No lo sé... ¿El negro? [se ríe]
- M - Estrella de cine favorita.
- C - Burt Reynolds* [con seg.].
- M - ¿Quieres un mordisco de mi pastel? [cortándolo]
- C - Claro que sí [asintiendo con la cabeza] ... Un bocadito.
- M - De acuerdo [dándole pastel].
- C - Mmmh [tapándose la boca, con el trozo de pastel dentro; se ríe].
- M - ¿Está bueno? ¿Te gusta?
- C - Mmmmh Mmmmh [asintiendo con la cabeza].
- M - Qué clase de música te va.
- C - Phil Spector y grupos femeninos como She's a rebel*.
- M - [...] Qué cosas... te excitan... [volcando un azucarero en una taza, largamente]
- C - Mickey Rourke* y todo el que sabe apreciar las cosas buenas de la vida como el azúcar [se ríe] ... La voz de Elvis, el kung fu, el pastel*...
- M - ... Y te deprimen?
- C - [risas] Los que me deprimen [pensativa]... Los persas* [más risas, los dos].
- M - [...] Tienes... pareja?
- C - [encendiéndose un cigarrillo] Hazme esa pregunta más tarde.
- M - En un cine lleno de asientos vacíos por qué... te sentaste junto a mí?
- C - [fumando] Porque parecías un buen tipo... comprenderás que al verte te tirara las palomitas por encima...
- M - [sonriendo, mientras asiente] Ahá...
- C - Bueno, yo pago lo cuenta... a dónde vamos ahora?
- M - [...] Me refiero a que en esa peli nada de lo que ocurría le importaba, salvo el Rock, vivir deprisa, morir joven y dejar un bonito cadáver. [...] Ehm... basta de hablar del Rey (Elvis)... ¿Qué tal tú?
- C - ¿Qué tal yo qué?
- M - No sé, háblame.. háblame de ti...
- C - ¿Qué quieres saber?
- M - Bueno.. para empezar... qué haces, de dónde eres, cuál es tu color preferido, tu estrella de cine favorita, qué clase de música te gusta, qué te excita, qué te deprime y, supongo que la gran pregunta es... ¿tienes pareja?
- C - Bien, hazme otra vez esas preguntas...
- M - [sigh] Qué haces.
- C - No me acuerdo.
- M - De dónde eres.
- C - [t. div] No lo sé.
- M - Color preferido.
- C - [moviendo la cabeza] No lo sé... ¿El negro? [se ríe]
- M - Estrella de cine favorita.
- C - Burt Reynolds* [con seg.].
- M - ¿Quieres un mordisco de mi pastel? [cortándolo]
- C - Claro que sí [asintiendo con la cabeza] ... Un bocadito.
- M - De acuerdo [dándole pastel].
- C - Mmmh [tapándose la boca, con el trozo de pastel dentro; se ríe].
- M - ¿Está bueno? ¿Te gusta?
- C - Mmmmh Mmmmh [asintiendo con la cabeza].
- M - Qué clase de música te va.
- C - Phil Spector y grupos femeninos como She's a rebel*.
- M - [...] Qué cosas... te excitan... [volcando un azucarero en una taza, largamente]
- C - Mickey Rourke* y todo el que sabe apreciar las cosas buenas de la vida como el azúcar [se ríe] ... La voz de Elvis, el kung fu, el pastel*...
- M - ... Y te deprimen?
- C - [risas] Los que me deprimen [pensativa]... Los persas* [más risas, los dos].
- M - [...] Tienes... pareja?
- C - [encendiéndose un cigarrillo] Hazme esa pregunta más tarde.
- M - En un cine lleno de asientos vacíos por qué... te sentaste junto a mí?
- C - [fumando] Porque parecías un buen tipo... comprenderás que al verte te tirara las palomitas por encima...
- M - [sonriendo, mientras asiente] Ahá...
- C - Bueno, yo pago lo cuenta... a dónde vamos ahora?
miércoles, 3 de agosto de 2011
Eva al desnudo adaptada para C
C - ¿Qué estaba (usted) diciendo?
M - Decía que en el teatro hay un 90% de trabajo, trabajo de verdad. Hecho con sudor, con energía, con dedicación. Y declaro esto: llegar a ser un buen actor o actriz en el teatro significa desear eso más que nada en el mundo.
C - Sí, es cierto.
M - Significa concentración del deseo de la ambición; un sacrificio que ninguna otra profesión exige. Y el hombre o la mujer que acepta tales demandas no puede ser cualquiera. No hay muchos capaces de dar tanto por tan poco.
C - ¿Tan poco? Tan poco dice (usted). Aunque no hubiera nada más, está el aplauso. He oído entre bastidores aplaudir al público. Es como... como oleadas de amor que pasan sobre las candilejas y la envuelven a una. Imagine, saber que cada noche cientos de personas te admiran, te sonríen, les brillan los ojos... Ver que has gustado, que te ensalzan y aclaman. Sólo eso no se paga con nada.
M - Te gustaría ser actriz?
C - Bastante me ha costado ser enfermera*. Aunque hace años estuve en un grupo de aficionados. Y no lo hacía nada mal.
M - Si fueras actriz, yo escribiría papeles para ti.
M - Decía que en el teatro hay un 90% de trabajo, trabajo de verdad. Hecho con sudor, con energía, con dedicación. Y declaro esto: llegar a ser un buen actor o actriz en el teatro significa desear eso más que nada en el mundo.
C - Sí, es cierto.
M - Significa concentración del deseo de la ambición; un sacrificio que ninguna otra profesión exige. Y el hombre o la mujer que acepta tales demandas no puede ser cualquiera. No hay muchos capaces de dar tanto por tan poco.
C - ¿Tan poco? Tan poco dice (usted). Aunque no hubiera nada más, está el aplauso. He oído entre bastidores aplaudir al público. Es como... como oleadas de amor que pasan sobre las candilejas y la envuelven a una. Imagine, saber que cada noche cientos de personas te admiran, te sonríen, les brillan los ojos... Ver que has gustado, que te ensalzan y aclaman. Sólo eso no se paga con nada.
M - Te gustaría ser actriz?
C - Bastante me ha costado ser enfermera*. Aunque hace años estuve en un grupo de aficionados. Y no lo hacía nada mal.
M - Si fueras actriz, yo escribiría papeles para ti.
martes, 2 de agosto de 2011
Diálogo 1 para C
C - ¿Conoce usted esos días en los que se ve todo de color rojo?
M - ¿Color rojo? querrá decir negro.
C - No, se puede tener un día negro porque una se ve más gorda o porque ha llovido demasiado, estás triste y nada más. Pero los días rojos son terribles, de repente se tiene miedo y no se sabe por qué.
M - Es usted muy bonita. No debería pensar en cosas así.
C - ¿Sabe? Me recuerda usted a mi difunto esposo; siempre contestaba con algo trivial, estúpido incluso, cuando le hablaba de algún asunto importante. Cualquier cosa que pudiera estar verdaderamente atormentándome, parecía no tener la menor importancia para él.
M - Nunca antes había mencionado a su esposo en mi presencia. Me gustaría que me hablara de él más a menudo.
C - Le contaré algo sobre él. Es triste, pero cierto. Cada vez me lleva más tiempo evocar su rostro. Y conforme vayan pasando los años, más tiempo me llevará. Al principio era capaz de recordarle en cinco segundos, luego éstos se convirtieron en diez, en treinta segundos, en un minuto. El tiempo fue alargándose paulatinamente, igual que las sombras en el crepúsculo. Puede que pronto su rostro desaparezca absorbido por las tinieblas de la noche.
M - Desde luego se trata de algo triste.
C - Lo cierto es que ya no recuerdo su rostro en absoluto. Conservo un decorado sin personajes.
Aunque, si me tomo el tiempo suficiente, puedo revivir su imagen. Sus manos ásperas y frías, su pelo liso, tan bonito y agradable al tacto; los lóbulos de sus orejas, suaves y carnosos, y el lunar que tenía debajo; el elegante abrigo de piel que solía llevar en invierno; su costumbre de mirar fijamente a los ojos cuando hacía una pregunta; el ligero temblor que, por una u otra razón, vibraba en su voz -como si estuviera hablando en lo alto de una colina barrida por un fuerte viento-. Al sobreponer estas imágenes, su rostro emerge de repente. Primero se dibuja su perfil. Tal vez porque solíamos andar el uno al lado del otro. Por eso el perfil es lo que primero emerge en mi recuerdo. Después él se vuelve hacia mí, me sonríe, ladea la cabeza, me habla y me mira fijamente a los ojos. Tal vez esperaba ver en ellos el rastro de un pececillo que cruzaba, veloz como una centella, el fondo de un manantial de aguas cristalinas.
M - Los días rojos son terribles, sin duda.
M - ¿Color rojo? querrá decir negro.
C - No, se puede tener un día negro porque una se ve más gorda o porque ha llovido demasiado, estás triste y nada más. Pero los días rojos son terribles, de repente se tiene miedo y no se sabe por qué.
M - Es usted muy bonita. No debería pensar en cosas así.
C - ¿Sabe? Me recuerda usted a mi difunto esposo; siempre contestaba con algo trivial, estúpido incluso, cuando le hablaba de algún asunto importante. Cualquier cosa que pudiera estar verdaderamente atormentándome, parecía no tener la menor importancia para él.
M - Nunca antes había mencionado a su esposo en mi presencia. Me gustaría que me hablara de él más a menudo.
C - Le contaré algo sobre él. Es triste, pero cierto. Cada vez me lleva más tiempo evocar su rostro. Y conforme vayan pasando los años, más tiempo me llevará. Al principio era capaz de recordarle en cinco segundos, luego éstos se convirtieron en diez, en treinta segundos, en un minuto. El tiempo fue alargándose paulatinamente, igual que las sombras en el crepúsculo. Puede que pronto su rostro desaparezca absorbido por las tinieblas de la noche.
M - Desde luego se trata de algo triste.
C - Lo cierto es que ya no recuerdo su rostro en absoluto. Conservo un decorado sin personajes.
Aunque, si me tomo el tiempo suficiente, puedo revivir su imagen. Sus manos ásperas y frías, su pelo liso, tan bonito y agradable al tacto; los lóbulos de sus orejas, suaves y carnosos, y el lunar que tenía debajo; el elegante abrigo de piel que solía llevar en invierno; su costumbre de mirar fijamente a los ojos cuando hacía una pregunta; el ligero temblor que, por una u otra razón, vibraba en su voz -como si estuviera hablando en lo alto de una colina barrida por un fuerte viento-. Al sobreponer estas imágenes, su rostro emerge de repente. Primero se dibuja su perfil. Tal vez porque solíamos andar el uno al lado del otro. Por eso el perfil es lo que primero emerge en mi recuerdo. Después él se vuelve hacia mí, me sonríe, ladea la cabeza, me habla y me mira fijamente a los ojos. Tal vez esperaba ver en ellos el rastro de un pececillo que cruzaba, veloz como una centella, el fondo de un manantial de aguas cristalinas.
M - Los días rojos son terribles, sin duda.
Stasera Shake
Salgo a la calle y hace un frío que me quiero morir. Y es extraño porque aunque es Diciembre y de madrugada, en esta ciudad* no suele bajar mucho la temperatura. Pero tengo las manos heladas y el corazón me late fuerte, a toda prisa. No hay apenas nadie en la calle, sólo a lo lejos se ven un par de indigentes que parecen jugar con una botella de cerveza vacía, haciéndola rodar por el suelo. Me fijo en la palabra ZORRA escrita en un graffiti enorme con letras rojas y brillantes en la pared de la amplia avenida por la que camino. Tengo la mente en blanco casi todo el tiempo, y por mi cabeza sólo cruzan ideas fugaces sobre el aminograma de la carne de pato, zapatos italianos y pezones rosáceos, que se desvanecen cuando creo que estoy ya muy cerca de mi destino. Tengo el plano mental de la ubicación del piso de Edén, que momentos antes de salir de mi casa, comprobé usando Google Maps, y estoy casi al cien por cien seguro que me encuentro enfrente de la puerta de su edificio, pero saco mi teléfono móvil y marco su número, porque quiero que oiga mi voz antes de verme.
-¿Hola? -Descuelga-
-Sí, hola. Soy yo, M. -Intento poner la voz lo más grave que puedo-. Verás creo que estoy ya muy cerca de tu piso... Casi al lado.
-Ah... Vale. Te dije que te guiaras por la pastelería de la esquina. Está justo al lado.
-De acuerdo. Pues si todo es correcto deberías escuchar el timbre... Ya.
-Vale, voy a abrirte.
Entro en el portal y doy gracias al cielo por el espejo enorme que ocupa toda la pared. Me pongo enfrente de él y comienzo a arreglarme un poco, tratando de calmarme. Pero mi corazón sigue latiendo rápido, así que saco de mi bolsillo dos pastillas de Rivotril y las coloco debajo de la lengua. Vuelvo a mirarme en el espejo, y mientras peino mi pelo ligeramente hacia atrás, me veo terriblemente atractivo. Quizá debí ponerme el jersey de pico rojo de Hermès en vez del negro que llevo, pues realza mejor la forma de mis pectorales, pero por lo demás estoy bastante satisfecho; consigo verlo todo perfecto. Llamo al ascensor.
Mientras enfilo el pasillo de la planta quinta del edificio, al final del cual me espera Edén, observo que el estucado de la pared está en un estado bastante precario, lo cual me excita, pues encuentro un extraño placer en todo lo vulgar y desaliñado. Y sólo entonces me doy cuenta de que estoy en una zona bastante humilde, en el extrarradio de la ciudad; algo de lo que no me había percatado antes, probablemente por la taquicardia que me había asaltado súbitamente, y que ahora empezaba a remitir. Así que en medio de mi éxtasis inducido por la chabacanería reinante, empiezo a rezar por que el aspecto de mi futura partenaire vaya en consonancia con las asquerosas paredes de su edificio y su barrio de mierda, cuando oigo el sonido de un cerrojo, que se descorre.
-Hola, has tardado mucho en subir -Oigo decir, mientras trato de adivinar la silueta de ella, en medio de la penumbra-.
-Ah, sí. Hola -Me planto en seco delante de la puerta-. Es que... No daba con el bloque exacto.
-¿No enciendes la luz? -Inquiere; mientras hace un ademán de acercarse a mí-.
-Tampoco he encontrado el interruptor. Pero no importa... De verdad.
Entonces avanza ante mí y puedo ver ahora claramente cómo una figura de un metro setenta, de pelo semiondulado y oscuro y ataviada con un chandal de deporte tantea la pared que tengo justo detrás de mí, hasta que se oye el click del botón de la luz.
-Bueno -Sonríe- ¡Por fin nos vemos!
-Sí, eso parece -Es lo que creo que digo, mientras observo fijamente su cara, que por un momento me parece tremendamente hermosa. Pero enseguida noto que en realidad es de todo punto ordinaria*.
-¿No vas a pasar? -Dice, invitándome-.
Es una casa pequeña, con un saloncito en la entrada, y muy poco amueblado. En la pared cuelgan unos posters de animales y de selvas y cascadas, y cosas así, y hay un olor muy empalagoso en el ambiente, como a fresa. Hay un sofá naranja en mitad de la habitación, en el que, en principio, no tengo la menor intención de sentarme.
-Espero que no te asustes con el aspecto de la casa -Comienza a decir-. En realidad me he mudado aquí hace unos meses y como ves, está todo hecho un desastre...
-No te preocupes -Digo yo, riéndome-. Está muy bien... La verdad es que me encanta -Y realmente logro que suene convincente-.
-Pero siéntate, hombre, no te quedes ahí de pie -Dice, mientras me señala el cutresofá naranja-. ¿Quieres algo de beber?
-No, gracias... Bueno -Rectifico-, un vaso de agua, si no te importa.
Antes de darse la vuelta y dirigirse a lo que parece una cocina y mientras mis ojos estaban puestos sobre un peluche de un conejo o una ardilla que había tirado a los pies del sofá, me ha mirado durante unos segundos de arriba a abajo, y yo me he dado cuenta perfectamente. Creo que le he gustado.
Vuelve de la cocina con un vaso de agua -que tras escuchar el sonido del grifo, es obvio que no voy a beber- y una lata de cerveza. Se sienta a mi lado con las piernas cruzadas y mirándome de frente.
-Y bien, ¿qué te parezco? -Dice, mientras pasa una mano por su pelo, nerviosamente- ¿Soy como me viste en las fotos del anuncio?
-Eres mucho más guapa que en las fotos. Lo cierto es que me he quedado sorprendido -Y esto no es necesariamente falso-.
-Ja. No te creo... Eso se lo dirás a todas -Exclama, mientras su alteración va en aumento-.
-No, en serio -Insisto-. Eres realmente guapa.
Edén lleva todo el rato enseñándome las tetas, que se escapan casi por completo del escote de la camiseta de deporte ceñida que lleva puesta, y que la cremallera de la chaqueta de su chandal, que está bajada hasta el ombligo, deja ver muy bien. Pero no he dirigido mi mirada a ellas ni por un sólo segundo. Ni lo voy a hacer.
-Pensaba que no serías capaz de venir... Dios, esto es una locura -Se tapa la cara con las manos, mientras una sonora carcajada sale de su boca-.
-La verdad es que yo también estoy sorprendido de mí mismo, nunca he hecho una cosa así...-Y esta vez no estoy seguro de que haya sonado del todo convincente, pero sigo diciendo- Aunque me apetecía mucho verte... Conocerte en persona.
-Y a mi a ti, tienes algo... Diferente, ya sabes...-Sonríe- Aunque aún no sé muy bien lo que es.
En ese momento me entran unas ganas enormes de abalanzarme sobre ella y estrangularla para que vea lo diferente que soy, y debe notárseme en la cara, porque inconscientemente echa su torso ligeramente hacia atrás. Pero enseguida logro recobrar el control sobre mí mismo: sólo quiero follármela. Por ahora.
-¿Quieres que ponga un poco de música? A estas horas en la tele no habrá nada... Aparte de eso -Dice riendo de manera estúpida-.
-Sí, claro, adelante... Estás en tu casa.
Entonces saca un compact de una torre de cedés y lo introduce en una especie de reproductor que hay debajo del televisor. Enseguida empieza a sonar música rap. Creo que es el puto Puff Daddy o Tupac o alguno de esos negros patibularios que pretenden hacer el análisis social de su gueto sin tener ni el graduado escolar.
-¿Conoces esto? A mí me vuelve loca este tipo de música -Comienza a decir, mientras hace unos gestos mongoloides con las manos que no logro entender muy bien-. Me dicen que soy rarita por escuchar música rap, en vez de guiarme por lo que sale en los 40 Principales*, pero, ¿sabes una cosa? A mí me gusta la música que tenga un valor artístico, que sea auténtica, ¿entiendes?
-Sí, claro, naturalmente -Y ahora sí que realmente me esfuerzo por reprimir mi deseo de estrangularla-.
-¡Levántate; vamos a bailar! -Grita de repente, cogiéndome de la mano-.
Ahora estamos de pie, el uno frente al otro, y me mira fijamente a los ojos, con una sonrisa que parece lasciva, y empieza a restregar su pelvis contra mí, dándome suaves golpecitos. Se mueve de un lado a otro, de manera bastante patética, mientras yo no hago nada. De repente, para la música, y mientras se quita la parte de arriba de la ropa, quedándose en sujetador, me pregunta:
-¿Quieres cocaína?
A continuación sale corriendo hacia alguna habitación de la casa haciendo aspavientos y por un momento, por un pequeño instante, pienso que puede estar más pirada que yo. Vuelve enseguida, visiblemente excitada, trayendo consigo una pequeña bolsa de la que derrama el contenido sobre una mesa de cristal.
Mientras nos colocamos, me pide que me quite el jersey de pico negro, a lo que accedo pues estoy deseando que recorra mi pecho con su lengua de viciosa chalada amante de música de negratas. Se desnuda completamente y puedo observar un cuerpo menudo, con unas grandes tetas y un culo redondo y duro. Tiene una apariencia compacta que me gusta, y empiezo a ponerme cachondo cuando miro su sonriente rostro de belleza tabernera, que no tarda en hundirse en mi estómago, empezando a succionar mi abdomen con fuerza. Me quito los pantalones y la agarro del pelo, que está grasiento y sucio, indicándole que quiero que me la chupe, y empieza a hacerlo, despacio y profundamente. Ahora tengo una magnífica vista cenital de su espalda y de su culo y mientras observo como me la está mamando, me viene a la mente la imagen de un gigante cerdo recostado en su abrevadero, chupando y baboseando, y empiezo a sentir un enorme desprecio por ella que va en aumento con cada cabezada que da, hasta que con un alarido le pido que pare.
-¿He hecho algo mal? -Pregunta, levantando la mirada-
-No, no es eso -Le respondo mientras me reincorporo, subiéndome los pantalones-.
-¿Qué pasa ahora? No entiendo nada -Balbucea desconcertada-.
-Déjalo. No tiene nada que ver contigo.
Termino de vestirme y me dirijo hacia la puerta.
-¿Vas a dejarme así? No voy a volverte a ver, ¿no?
No puedo evitar mirarla con desdén. Abro la puerta y salgo.
-¿Hola? -Descuelga-
-Sí, hola. Soy yo, M. -Intento poner la voz lo más grave que puedo-. Verás creo que estoy ya muy cerca de tu piso... Casi al lado.
-Ah... Vale. Te dije que te guiaras por la pastelería de la esquina. Está justo al lado.
-De acuerdo. Pues si todo es correcto deberías escuchar el timbre... Ya.
-Vale, voy a abrirte.
Entro en el portal y doy gracias al cielo por el espejo enorme que ocupa toda la pared. Me pongo enfrente de él y comienzo a arreglarme un poco, tratando de calmarme. Pero mi corazón sigue latiendo rápido, así que saco de mi bolsillo dos pastillas de Rivotril y las coloco debajo de la lengua. Vuelvo a mirarme en el espejo, y mientras peino mi pelo ligeramente hacia atrás, me veo terriblemente atractivo. Quizá debí ponerme el jersey de pico rojo de Hermès en vez del negro que llevo, pues realza mejor la forma de mis pectorales, pero por lo demás estoy bastante satisfecho; consigo verlo todo perfecto. Llamo al ascensor.
Mientras enfilo el pasillo de la planta quinta del edificio, al final del cual me espera Edén, observo que el estucado de la pared está en un estado bastante precario, lo cual me excita, pues encuentro un extraño placer en todo lo vulgar y desaliñado. Y sólo entonces me doy cuenta de que estoy en una zona bastante humilde, en el extrarradio de la ciudad; algo de lo que no me había percatado antes, probablemente por la taquicardia que me había asaltado súbitamente, y que ahora empezaba a remitir. Así que en medio de mi éxtasis inducido por la chabacanería reinante, empiezo a rezar por que el aspecto de mi futura partenaire vaya en consonancia con las asquerosas paredes de su edificio y su barrio de mierda, cuando oigo el sonido de un cerrojo, que se descorre.
-Hola, has tardado mucho en subir -Oigo decir, mientras trato de adivinar la silueta de ella, en medio de la penumbra-.
-Ah, sí. Hola -Me planto en seco delante de la puerta-. Es que... No daba con el bloque exacto.
-¿No enciendes la luz? -Inquiere; mientras hace un ademán de acercarse a mí-.
-Tampoco he encontrado el interruptor. Pero no importa... De verdad.
Entonces avanza ante mí y puedo ver ahora claramente cómo una figura de un metro setenta, de pelo semiondulado y oscuro y ataviada con un chandal de deporte tantea la pared que tengo justo detrás de mí, hasta que se oye el click del botón de la luz.
-Bueno -Sonríe- ¡Por fin nos vemos!
-Sí, eso parece -Es lo que creo que digo, mientras observo fijamente su cara, que por un momento me parece tremendamente hermosa. Pero enseguida noto que en realidad es de todo punto ordinaria*.
-¿No vas a pasar? -Dice, invitándome-.
Es una casa pequeña, con un saloncito en la entrada, y muy poco amueblado. En la pared cuelgan unos posters de animales y de selvas y cascadas, y cosas así, y hay un olor muy empalagoso en el ambiente, como a fresa. Hay un sofá naranja en mitad de la habitación, en el que, en principio, no tengo la menor intención de sentarme.
-Espero que no te asustes con el aspecto de la casa -Comienza a decir-. En realidad me he mudado aquí hace unos meses y como ves, está todo hecho un desastre...
-No te preocupes -Digo yo, riéndome-. Está muy bien... La verdad es que me encanta -Y realmente logro que suene convincente-.
-Pero siéntate, hombre, no te quedes ahí de pie -Dice, mientras me señala el cutresofá naranja-. ¿Quieres algo de beber?
-No, gracias... Bueno -Rectifico-, un vaso de agua, si no te importa.
Antes de darse la vuelta y dirigirse a lo que parece una cocina y mientras mis ojos estaban puestos sobre un peluche de un conejo o una ardilla que había tirado a los pies del sofá, me ha mirado durante unos segundos de arriba a abajo, y yo me he dado cuenta perfectamente. Creo que le he gustado.
Vuelve de la cocina con un vaso de agua -que tras escuchar el sonido del grifo, es obvio que no voy a beber- y una lata de cerveza. Se sienta a mi lado con las piernas cruzadas y mirándome de frente.
-Y bien, ¿qué te parezco? -Dice, mientras pasa una mano por su pelo, nerviosamente- ¿Soy como me viste en las fotos del anuncio?
-Eres mucho más guapa que en las fotos. Lo cierto es que me he quedado sorprendido -Y esto no es necesariamente falso-.
-Ja. No te creo... Eso se lo dirás a todas -Exclama, mientras su alteración va en aumento-.
-No, en serio -Insisto-. Eres realmente guapa.
Edén lleva todo el rato enseñándome las tetas, que se escapan casi por completo del escote de la camiseta de deporte ceñida que lleva puesta, y que la cremallera de la chaqueta de su chandal, que está bajada hasta el ombligo, deja ver muy bien. Pero no he dirigido mi mirada a ellas ni por un sólo segundo. Ni lo voy a hacer.
-Pensaba que no serías capaz de venir... Dios, esto es una locura -Se tapa la cara con las manos, mientras una sonora carcajada sale de su boca-.
-La verdad es que yo también estoy sorprendido de mí mismo, nunca he hecho una cosa así...-Y esta vez no estoy seguro de que haya sonado del todo convincente, pero sigo diciendo- Aunque me apetecía mucho verte... Conocerte en persona.
-Y a mi a ti, tienes algo... Diferente, ya sabes...-Sonríe- Aunque aún no sé muy bien lo que es.
En ese momento me entran unas ganas enormes de abalanzarme sobre ella y estrangularla para que vea lo diferente que soy, y debe notárseme en la cara, porque inconscientemente echa su torso ligeramente hacia atrás. Pero enseguida logro recobrar el control sobre mí mismo: sólo quiero follármela. Por ahora.
-¿Quieres que ponga un poco de música? A estas horas en la tele no habrá nada... Aparte de eso -Dice riendo de manera estúpida-.
-Sí, claro, adelante... Estás en tu casa.
Entonces saca un compact de una torre de cedés y lo introduce en una especie de reproductor que hay debajo del televisor. Enseguida empieza a sonar música rap. Creo que es el puto Puff Daddy o Tupac o alguno de esos negros patibularios que pretenden hacer el análisis social de su gueto sin tener ni el graduado escolar.
-¿Conoces esto? A mí me vuelve loca este tipo de música -Comienza a decir, mientras hace unos gestos mongoloides con las manos que no logro entender muy bien-. Me dicen que soy rarita por escuchar música rap, en vez de guiarme por lo que sale en los 40 Principales*, pero, ¿sabes una cosa? A mí me gusta la música que tenga un valor artístico, que sea auténtica, ¿entiendes?
-Sí, claro, naturalmente -Y ahora sí que realmente me esfuerzo por reprimir mi deseo de estrangularla-.
-¡Levántate; vamos a bailar! -Grita de repente, cogiéndome de la mano-.
Ahora estamos de pie, el uno frente al otro, y me mira fijamente a los ojos, con una sonrisa que parece lasciva, y empieza a restregar su pelvis contra mí, dándome suaves golpecitos. Se mueve de un lado a otro, de manera bastante patética, mientras yo no hago nada. De repente, para la música, y mientras se quita la parte de arriba de la ropa, quedándose en sujetador, me pregunta:
-¿Quieres cocaína?
A continuación sale corriendo hacia alguna habitación de la casa haciendo aspavientos y por un momento, por un pequeño instante, pienso que puede estar más pirada que yo. Vuelve enseguida, visiblemente excitada, trayendo consigo una pequeña bolsa de la que derrama el contenido sobre una mesa de cristal.
Mientras nos colocamos, me pide que me quite el jersey de pico negro, a lo que accedo pues estoy deseando que recorra mi pecho con su lengua de viciosa chalada amante de música de negratas. Se desnuda completamente y puedo observar un cuerpo menudo, con unas grandes tetas y un culo redondo y duro. Tiene una apariencia compacta que me gusta, y empiezo a ponerme cachondo cuando miro su sonriente rostro de belleza tabernera, que no tarda en hundirse en mi estómago, empezando a succionar mi abdomen con fuerza. Me quito los pantalones y la agarro del pelo, que está grasiento y sucio, indicándole que quiero que me la chupe, y empieza a hacerlo, despacio y profundamente. Ahora tengo una magnífica vista cenital de su espalda y de su culo y mientras observo como me la está mamando, me viene a la mente la imagen de un gigante cerdo recostado en su abrevadero, chupando y baboseando, y empiezo a sentir un enorme desprecio por ella que va en aumento con cada cabezada que da, hasta que con un alarido le pido que pare.
-¿He hecho algo mal? -Pregunta, levantando la mirada-
-No, no es eso -Le respondo mientras me reincorporo, subiéndome los pantalones-.
-¿Qué pasa ahora? No entiendo nada -Balbucea desconcertada-.
-Déjalo. No tiene nada que ver contigo.
Termino de vestirme y me dirijo hacia la puerta.
-¿Vas a dejarme así? No voy a volverte a ver, ¿no?
No puedo evitar mirarla con desdén. Abro la puerta y salgo.
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